Relatos

El váter de la locura

Tengo miedo. He llegado el primero a la oficina, estoy solo, y tengo miedo. Voy a tomar aire profundamente e intentar aclarar las ideas en mi cabeza para poder ponerlas sobre el papel.

No creo que nadie encuentre nunca este manuscrito, pero por lo menos me servirá para mantener mi cordura. ¡Oh Dios! Cómo empezar a relatar lo sucedido. Espero no olvidar ningún detalle.

El despertador sonó como cada mañana con su ronco y monótono tono. ¡GUUOOOO! ¡GUUOOOO! ¡GUUOOOO! y antes de darle tiempo a que sonara un cuarto ha sido acallado por mi mano cayendo a peso sobre él.

Tras un esfuerzo herculeo he conseguido abrir un ojo y me he cercionado de que era la hora de levantarse para ir a la oficina. Después de apretarme mi habitual leche con galletas y asearme he cogido las llaves del coche y me he puesto en ruta hacía mi puesto de trabajo.

Al llegar he saludado al portero de noche que por toda respuesta ha levantado una mano mientras no quitaba la vista de un televisor portátil. Todo un profesional.

Cuando la puerta del ascensor se ha abierto en mi planta una tenue luz lo inundaba todo, y al avanzar hacia la puerta mis sentidos me han puesto en alerta, ha sido una sensación muy rara, imposible de explicar en palabras, como si mi cerebro intentara avisarme de un peligro apenas perceptible por la consciencia humana.

Sin embargo la sensación ha sido enterrada por otros pensamientos mas acuciantes que bullían en mi mente.
Tras comprobar el correo electrónico y ver que las mismas personas de siempre enviaban los mismos mensajes de siempre me dirigí al cuarto de baño y…

No sé si podré contarlo, mi mente pugna por olvidarlo, ¡Oh señor! dame fuerzas. Estoy temblando, pero sé que debo dejarlo escrito para que si alguien lo encuentra sepa qué es lo que me pasó y porque no debe entrar en el cuarto de baño. Íker y su equipo de Cuarto Milenio, ¿dónde estáis cuando os necesito?

Al abrir la puerta del váter una hedor inaguantable ha llenado mi nariz, ha sido como si un boxeador me diera un gancho en plena mandíbula. Me he quedado al borde del desmayo. Como pude cerré la puerta y luché por respirar, abriendo la boca todo lo que podía para que entrara aire limpio en mis castigados pulmones.

Después de unos minutos he abierto tímidamente la puerta, y en voz baja, casí con un susurro, pregunté

– ¿Hay alguien hay?

Silencio. Permanecí durante un minuto esperando que alguien contestara pero al no oír a nadie una idea ha venido a mi cabeza con toda claridad. Allí dentro había un cadáver, si no de qué iba a oler de esa manera.
Intentaré describir el olor, espero que al hacerlo no caiga en la locura.  Ahora entiendo a H.P. Lovecraft. ¡El también estuvo en este váter!

Imaginad el gimnasio de vuestro colegio, ¿recordáis el olor a pies y lejía? ¡Cojonudo! Pues ahora tirad una bomba fétida y añadidle una caquita de perro de buen tamaño, subid la temperatura hasta los 40 grados y respirar hondo.

Así es como olía en aquel váter infernal venido de tiempos ancestrales.

¿Por dónde iba? Sí, ya me acuerdo, estaba junto a la puerta. Pensé en qué es lo debía hacer, si volver a mis obligaciones laborales o intentar desentrañar el misterio que encerraba el W.C. Al final pudo más mi curiosidad y ansias de saber. Más que nada porque tenía que arreglarle una incidencia al pesado de contabilidad, ¡anda y que le den por culo!

Mi mente febril trabajaba a toda máquina intentando buscar la forma de comunicarme con el ser que había dejado aquel pestazo, ¿pero cómo hacerlo? ¿cómo comunicarme con un ser inmortal venido de las estrellas? ¡Oh maestro Lovecraft! ¡Ilumíname!

Lo primero que tenía que hacer era poner un cartel para que nadie entrara en esa estancia, pero no podía decir la verdad si no quería que me tacharan de loco. No. Tenía que decir que los váteres estaban fuera de servicio. ¿Bastaría con eso? ¡Qué va! Seguro que estos cabrones se podrían a cagar a muerte hasta atrancar los inodoros. Jodidos lechones… tenía que poner otra cosa, ¡pero qué!

¡Ya estaba! ¡Sabía que hacer! ¿Tendría tiempo? Debía darme prisa, así que sin perder un segundo entré de nuevo en la oficina y me dirigí al armario donde guardaba el material el chico de mantenimiento y saqué un rollo de cinta americana. Después salí y me puso junto al cajetín de control de acceso que había en la puerta, respiré hondo, y lo arranqué de cuajo.

Con cuidado de que la puerta del baño estuviera cerrada me puse a su derecha y pegué a la pared el cajetín de control de acceso con la cinta americana. Luego me dirigí a mi ordenador e imprimí un cartel que puse en la puerta del váter. Me alejé unos pasos y contemplé mi obra. ¡De puta madre! El cartel era todo un alarde de ingenio. En el se podía leer:

Ante la situación de crisis que vive el mercado actualmente, y debido a la necesidad de aumentar la productividad, querido empleado:

Para cagar, hay que fichar

La dirección

Con esto no entraría nadie. Garantizado.

No recuerdo cuánto tiempo llevaba frente a la puerta tratando de invocar al ser que habitaba en las profundidades de la cisterna cuando una mano se posó en mi hombro. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo y una voz aguardentosa me susurro al oído:

– ¿Te decides o qué?

Al volverme no me encontré con ningún ser escapado de las profundidades del océano, ni con un dios primigenio cuyo origen era un mundo curvado sobre si mismo. Era mucho peor. Era Rebolledo. Presentaba un estado lastimoso, con ojeras y por si fuera poco, sin afeitar. Pensé que su estado era debido a un encuentro con el habitante del váter, pero cual fue mi sorpresa cuando al entablar conversación me confesó:

– Sé que huele un poco mal – dijo agachando la cabeza – Pero es que estoy con una diarrea…
– ¿Cómo has dicho? -pregunté atónito
– Sí, es que ayer me comí un yogur caducado y me he pasado la noche visitando al señor Roca – me dijo mientras se sostenía el estómago con las manos – y esta mañana cuando he llegado…pues te puede imaginar.
– No, no me lo imagino. Dímelo – le agarré por los hombros y mientras le zarandeaba no paraba de gritarle- ¡Necesito saberlo! ¡Necesito saberlo!
– ¡Vale!, pues que al salir del ascensor me ha dado un apretón, he entrado corriendo en el váter y no veas lo que ha salido de mi cuerpo – y acercándose a mí añadió en voz baja – Si parecía que había pintado con pistola la taza. No te digo más

Así que el causante de todo era Rebolledo. Entonces Rebolledo era el ser primigenio. ¡Dios santo! Rebolledo es Cthtulu.

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