Cajón desastre

Las Maniobras (II). The evacuation zone

Tras la primera noche pasada al amparo de los chamizos de tela suministrados por el Ejército de Tierra despertamos con el trino de los pajarillos y la aterciopelada voz del brigada que nos exhortaba a mover nuestras posaderas so pena de recibir una patada en la zona genital.

La verdad es que cuando salí de la tienda y mire a mi alrededor lo primero que pensé fue que más parecíamos un campamento de circo que un batallón del ejercito. Mi compañero de tienda me sacó de mi ensoñación haciéndome saber que tenía más hambre que los pavos de Manolo. 

Ni cortos ni perezosos acudimos a recoger la ración K correspondiente al desayuno, en este caso mucho más sabrosa que le cena. La ingesta de los alimentos transcurrió sin percances gracias en gran parte a que el astro rey brillaba con plenitud por los que no hubo equivocaciones al calentar ningún alimento.

Mientras reposábamos el desayuno llegó un camión militar que arrastraba un aljibe que dejaron en mitad del campamento sin decir palabra. De igual forma que vinieron se marcharon, así que nos quedamos sin saber que hacía aquel pedazo de tanque en mitad de la zona de acampada.

Algunos soldados curiosos se aceraron a husmear y pronto descubrieron que el contenido del  aljibe no era otro que agua. Al enterarse de ello gran parte de la tropa se acercó a saciar la sed que el tubo de leche condensada había provocado en no pocos de nosotros.

Maroto y yo nos quedamos al margen ya que no nos fiábamos demasiado de que fuera agua potable, y eso que Abel llegó a nuestro lado limpiándose la boca con la manga al tiempo que nos informaba de los fresquita que estaba.

Cuando un número no inferior a cien soldados se habían llenado el buche con el líquido elemento llegó el capitán y al grito de:

Apartarse, apartarse todos que no es potable

consiguió un efecto parecido al de Moisés al separar las aguas del Mar Rojo. Se produjo un silencio sepulcral que no supimos interpretar en toda su envergadura ya que aquel hecho supuso el principio de todos nuestros males. Un enemigo acababa de instalarse entre nosotros; la diarrea.

Los primeros indicios los tuvimos a las tres horas tras el desayuno, cuando pequeñas manadas de soldados acudían a la zona de evacuación con una celeridad nunca vista por mí.

Y aquí es donde empieza lo realmente peliagudo para los enfermos de diarrea primero y para el resto de nosotros después. Ir a hacer tus necesidades era totalmente surrealistas en cuanto a la impedimenta necesaria para poder llevar a cabo dicho menester se refiere, a saber:

  • El zapa-pico
  • La zapa-pala
  • El fusil de asalto
  • Rollo de papel higiénico (opcional pero muy recomendable)

Seguramente el lector más avispado se habrá percatada de un factor determinante, había que portar cuatro objetos y el ser humano (los que yo conozco) sólo tenemos dos brazos. La forma de resolver este problema era la siguiente.

El soldado se colgaba el fusil a la espalda con la bocacha (por donde salen las balas) mirando hacia el cielo, en una mano se cogía el pico y en la otra la pala. ¿y el rollo de papel? Muy fácil, se colocaba el tubo de papel en la bocacha. Se adjunta diagrama con la distribución de la impedimenta.

esquema1

 

Evidentemente esto era poco operativo, y si añadimos el estado lamentable en el que los afectados por la diarrea habían dejado la zona de evacuación, se comprende que la decisión que tomamos los hombres del batallón de usar la colina como váter era la mejor de todas.

Recurdo que una de las veces en las que hice uso de la colina supuso para mí un trauma. Estaba yo ensimismado en mis pensamientos cuando escuché una especie de gruñido a unos 10 o 15 metros. Al mirar en dirección al origen del sonido veo a un tío en cuclillas con los pantalones por los tobillos, agarrado a un árbol como si quisiera arrancarlo de raiz. Cada poco segundos se le congestionaba la cara y emitía el gruñido de marras. La agilidad mental que me caracteriza me permitió inferir que debía ir estreñido y que intentaba hacer fuerza a riesgo de desgarrarse el esfínter, o como se dice vulgarmente, de romperse el culo.

Fue a mitad de un gruñido cuando sucedió lo inevitable; nuestras miradas se cruzaron. Ese ha sido uno los momentos mas tensos de mi vida. Dos tíos haciendo caca y que no saben que decirse. Huelga decir que el otro dejó de emitir sonidos de ipso facto, además de dejar de abrazar al árbol. 

Pasado ese momento de zozobra regresé a la zona donde se encontraban mis amigos y aprovechando un momento de descanso que teníamos nos sentamos en corrilo a charlar de temas de interes general como por ejemplo; si durante los ejercicos con fuego real le pegamos un tiro al alférez ¿es delito?. ¿Alguien a visto el fusil de Maroto?. Si Requena se ha ido a la colina y este es su papel higiénico.. ¿con qué se va a limpiar el ojete?. Trivialidades.

Y ahora un consejo a todos los campistas noveles: el papel higiénico hay que enterrarlo después de usarlo. Más que nada para que no os pase como a nosotros una tarde que se levantó un fuerte vendaval, y gracias al empuje de Eolo comenzaron a sobrevolar el campamento trozos de papel higiénico, evidentemente usados . Había que ver a 800 personas cobijándose en las tiendas mientras el brigada se paseaba entre las tiendas mientras nos gritaba:

Asomarsus lechones, Asomarse todos. Sos voy a meter un paquete que sos váis a enterar. 

Al día siguiente comenzamos el ejercicio de tiro, pero eso ya lo cuento en otra anotación.

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  1. Las Maniobras (I)
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2 comentarios en “Las Maniobras (II). The evacuation zone

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