El inicio de la época estival es propicio para que se activen las leyenda urbanas que hablan sobre cómo los ladrones emplean una suerte de marcas en las casas o portales para dejarse mensajes entre si.
Cuando era pequeño recuerdo que en los portales empezaron a aparecer unas pegatinas de pequeño tamaño con dibujos y formas un tanto peculiares. Rapidamente se extensió el rumor de que esas pegatinas eran señales que dejaban ‘ojeadores’ para que luego los ladrones supieran en que portal y en que piso se podía robar sin problemas.
Se llegó a comentar que las diferentes formas y colores de las pegatinas indicaban diferentes cosas, si la casa estaba vacía, si sólo había gente mayor, si se creía que en la casa agüardaba un bien botón, etc.
Pero al final se demostró que aquello era únicamente un bulo, y que las pegatinas las pegaban los empleados de las empresas de buzones para que los contralodres pudieran ver las zonas por la que sus empleados habían repartido la propaganda.
De todas formas el uso de señales y marcas como lenguaje es un factor recurrente en las leyendas urbanas, así un año antes de la Guerra Civil española Pedro Serrano García escribia en su libro Delincuentes profesionales contra la propiedad lo siguiente:
Los vagabundos poseen, para comunicarse entre si, mejor dicho, para transmitirse los datos útiles, una serie de signos grabados a la entrada de los pueblos, en los mojones o árboles del camino o en alguna tapia, que, interpretados, indican los lugares en que se prodiga o es escasa la limosna, ceden albergue, o por el contrario, no dan nada.
Yo no he conocido nunca nadie que pueda mostrar este lenguaje secreto que sólo conocen los amigos de lo ajeno, nunca ha salido ningún informe policial o de otro tipo dando a entender que este leyenda urbana es real.
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